Después de aquella charla con Lorena, la idea ya no me dejaba dormir.
Literal. Me despertaba a las tres de la mañana con frases en la cabeza tipo:
“¿Y si de verdad montamos esta tienda?”
Y claro, cuando algo se me mete entre ceja y ceja, necesito mover ficha.
Así que pensé en Sandra, de Cloud Studio, a la que había conocido en un evento de mi amiga Ari hacía poco.
Ella se dedicaba justo a eso: webs, tiendas, locuras digitales.
Así que la llamé.
—Sandra, tengo una idea.
—¿Otra más, David?
—Sí, pero esta va en serio.
Le conté el concepto y, antes de terminar, ya me estaba diciendo:
“Pide el Kit Digital y nos ponemos en marcha.”
Y así fue. Esa misma mañana lo había pedido.
Sandra flipó con la velocidad.
Yo también, para qué mentir.
Esa llamada fue el clic.
El momento donde la idea saltó del papel a la acción.
Y desde ese día, todo empezó a moverse a una velocidad que ni el compresor del centro.
Lo de mañana sube de nivel la tienda.

