No se me va a olvidar nunca.
Eran las 9:47 de la mañana cuando sonó el móvil.
Notificación nueva:
💬 “Tienes una venta en La Tienda de Buceo.”

Me quedé mirando la pantalla unos segundos.
Ni respiré.
Y luego solté un grito que asustó hasta a los peces del puerto.
¡Habíamos vendido nuestro primer producto!

Sandra me llamó emocionada, el grupo de los Consejeros estalló en mensajes y memes,
y yo solo podía pensar:
“Alguien, en algún sitio, confió en nosotros sin conocernos.”

Preparar ese primer pedido fue como preparar un regalo.
Imprimí la nota, la metí en la caja con mimo y le puse un toque personal.
Nada de embalajes fríos ni etiquetas anónimas.
Era un “gracias” envuelto con cariño.

Y cuando la caja salió del centro…
sentí algo muy parecido a cuando un alumno hace su primer descenso sin miedo:
ese orgullo silencioso de saber que estás haciendo las cosas bien.

Nos vemos mañana.
Porque el Día 17… llegaron más pedidos, más historias y una sorpresa que no vi venir. 🎁

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