A veces, entre tantos pedidos, correos y notificaciones,
llega uno de esos mensajes que te paran en seco.
Era de un chico de Valencia.
Había comprado un equipo básico para volver a bucear después de muchos años.
Y me escribió:
“David, solo quería darte las gracias.
No por la compra, sino porque al abrir el paquete,
sentí que alguien se había tomado el tiempo de hacerlo con cariño.
No sé si me entiendes, pero me devolviste las ganas.”
Me quedé un rato leyendo eso.
Porque no era solo un mensaje:
era exactamente el motivo por el que todo esto nació.
Podemos hablar de productos, campañas o cifras,
pero nada se compara a eso.
A saber que algo tan pequeño como una caja con una nota dentro
puede reconectar a alguien con el mar.
Ese día confirmé que la tienda tenía alma.
Y, aunque todavía quedaban mil cosas por pulir,
entendí que íbamos por el camino correcto.
Nos vemos mañana.
Porque el Día 21… vino alguien a darnos alas. 🌊🐠