“Vale… si el Día 1 te conté la necesidad, hoy te cuento el primer momento real donde todo empezó a tomar forma.”
Como todas mis ideas, empezó en la terraza de casa, con un café y Lorena enfrente.
Yo, con cara de iluminado, le suelto mi clásica frase:
“Se me ha ocurrido una cosa…”
Y ella, sin levantar la vista del móvil, suspira y dice:
“A ver qué se te ha ocurrido ahora…”
Y ahí voy yo, embalado, contándole que quiero montar una tienda online de buceo, pero no una tienda cualquiera.
Una donde los productos sean los que usamos nosotros, probados, reales.
Una tienda con alma, con comunidad, donde la gente sienta que hay personas detrás, no bots.
Lorena me mira, se ríe, y suelta:
“Tú estás loco. Pero oye, si alguien puede hacerlo, eres tú.”
Y claro… con eso ya me dio gasolina para semanas.
Porque cuando algo me ronda la cabeza, no me lo quita ni el mar entero.
Esa tarde supe que la idea ya no era solo una idea.
Era una misión.
Mañana te cuento el siguiente paso, porque la locura… solo acababa de empezar.