Y así fue.
El Día 11 fue cuando La Tienda de Buceo respiró por primera vez.
No te imaginas lo que sentí al ver la web en marcha, aunque fuera en modo prueba.
El logo brillando arriba, las secciones tomando forma, los primeros productos subidos…
Era como ver nacer algo que llevabas meses soñando.
Pero claro, también llegaron las preguntas que nadie te enseña a responder:
“¿Y los envíos cómo los haremos?”
“¿Qué pasa si alguien compra desde Canarias?”
“¿Y si queremos poner una nota personalizada dentro del paquete?”
Ahí me explotó la cabeza.
Porque yo no quería enviar cajas sin alma.
Quería que cada pedido llevara un trocito de Buceo España:
una nota escrita a mano, una caja personalizada, algo que hiciera sonreír al abrirla.
Busqué precios para cajas personalizadas… y casi me da un síncope.
Pero me daba igual.
Porque esa era la esencia.
No vender cosas. Vender experiencias.
Esa tarde, mientras veía la web abierta en la pantalla, sentí lo mismo que cuando un alumno hace su primera inmersión sin miedo.
La tienda empezaba a respirar.
Y yo… respiraba con ella.
Nos vemos mañana.
Porque el Día 12 fue cuando las cosas se empezaron a desmadrar (y mucho).